Lunes 24 de marzo 2008
Querido diario:
¡Sí, sí, sí! No es que lo dudara, ni por un segundo siquiera, pero… ¡Aaahh! De seguro sueno presumida, si hasta para mí misma…en fin, aprobé el examen de neurociencia cognitiva, eso me hace ¡tan feliz! La verdad es esta: no es fácil. Como intenta indicarnos esta rama de la psicología, definir por qué el comportamiento de determinado ser humano se da de tal o cual manera, en ocasiones no es sencillo. Pero aun así, mi razonamiento es que si has sido una espectadora ávida durante toda tu vida, no necesitas estudiar demasiado al respecto.
Bien, mi renovado animo ante un aprobado en neurociencia, me estimula a seguir adelante con la obra de teatro. Hoy se me ocurrió llevar chocolates al asilo (obviamente bajos en azúcar y con efecto laxante) y definitivamente fueron un bálsamo para el mal humor de los abuelos. Se dice popularmente que la música apacigua a las fieras, pero yo decidí inclinarme por el chocolate y sus dulces caricias de lengua…y gane.
Entre otras cosas, Martín me trajo a casa luego del entrenamiento y se quedó a cenar. Mamá, como de costumbre, insinuó que juntos nos vemos adorables y lo invito a cenar mañana en la noche nuevamente. Quizá es malo que lo diga en voz alta pero que lo escriba aquí creo que está bien, ¡detesto que él sea tan cercano a la familia!, es como si mis padres esperaran que Martín y yo saliéramos. Detesto los comentarios de mi madre, pero ¡es mi madre!, ¿tengo más opción que solo oírla y sonreír con ironía? ¡Claro que sí!, pero no serían viables, no si pretendo conservar mi lugar de hija.
Por último, Cate me abandono hoy en la cafetería, aunque le dije que podría marcharse en paz, eso me molesto, no voy a negarlo. Obviamente no estaba nada dolida por la ruptura con “no recuerdo como se llama” o quizá tenga que ver el hecho de que ya encontró un nuevo pañuelo de lágrimas. Dijo que su nombre era Abraham, de todas maneras no voy a poner demasiado empeño en recordarlo, pero estoy casi segura que es el mismo chico que nos sirvió la última noche que salimos con Teo y su ex. Cate y él se habían hecho ojitos esa noche, realmente admiro la forma en la que ella obtiene lo que quiere o mejor dicho, a quien quiere.
¡Oh! Casi olvido mencionarlo, también hubo otro momento odioso e irritante esta mañana. Para ser honesta, lo que más me molesto del plantón del que me hizo victima mi mejor amiga, no fue sólo el hecho de que me dejara desayunando sola, lo cual ya es bastante triste, sino que al momento de retirarme un sujeto se me acercara intentando dar charla. ¡Sólo había que ver la fanfarronería de ese tipo!, quien sabe que ideas se alzarían en su mente mientras usaba frases patéticas como: “Si es por ser extraños…podríamos dejar de serlo”, con una estúpida y socarrona sonrisa en el rostro, ¡era completamente desagradable! Si Cate hubiera estado conmigo, eso de seguro no hubiera sucedido.

